Siete intentos, tres islas que dicen no y un «no vale, por Dios»: la anatomía de un bloqueo que nadie admite

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Analizado en frío, el caso de María Corina Machado es una lección de cómo funciona el poder más allá de los discursos oficiales. Empecemos por los hechos verificables: la líder opositora venezolana, premio Nobel de la Paz 2025, ha intentado regresar a su país al menos siete veces, tres de ellas en la misma semana, todas sin éxito; su equipo confirma que «se le ha impedido volar desde Panamá. Permanece allí sin poder salir»; y una fuente anónima con conocimiento directo del caso aseguró a EFE que el avión privado previsto «ni siquiera despegó» porque tres territorios caribeños —Curazao, Bonaire y Aruba— negaron los permisos de aterrizaje, con Trinidad y Tobago como alternativa también vetada. Sobre este entramado, el jefe negociador del chavismo, Jorge Rodríguez —hermano de la presidenta interina Delcy Rodríguez y presidente del Parlamento—, respondió este viernes a la pregunta directa de los periodistas con un «No vale, por Dios» que descarta cualquier participación del gobierno venezolano. El análisis de la arquitectura del bloqueo sugiere una lectura más compleja: Curazao, Bonaire y Aruba, aunque caribeñas y frente a la costa venezolana (Aruba a menos de 30 kilómetros), no son países independientes sino territorios del Reino de los Países Bajos, y sus decisiones de autorización aérea operan en el marco de La Haya, lo que abre interrogantes sobre presiones diplomáticas, económicas o de otra índole que ningún gobierno admite públicamente. La Aeronáutica Civil de Panamá, por su parte, se desmarca del asunto alegando que «no tiene injerencia», dejando a Machado en una tierra de nadie diplomática: ni el país del que quiere salir reconoce responsibility, ni los países de tránsito explican sus negativas, ni el país al que quiere llegar —Venezuela— reconoce impedimento alguno. El resultado es un bloqueo perfecto sin responsable visible, en pleno proceso de diálogo entre el régimen y un sector de la oposición impulsado por EE.UU., con Delcy Rodríguez prometiendo elecciones «para todos» ante la ONU y cientos de venezolanos protestando en Caracas por el regreso de la líder. En la política de factibilidad, cuando nadie es responsable de todo, alguien es responsable de casi todo: la pregunta que los venezolanos —y la comunidad internacional— siguen haciéndose es quién.

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