Un movimiento arriesgado de Kiev
El presidente ucraniano, Vladímir Zelenski, elevó el tono al dar un plazo de siete días a Bielorrusia para que desactive los repetidores de señal que, según Ucrania, asisten a Rusia en sus ataques con drones. «O ellos los retiran, o nosotros lo haremos», declaró Zelenski, quien acusó a Lukashenko de complicidad con el Kremlin y rechazó sus intentos de diálogo, tachándolos de insuficientes.
Moscú respalda a Minsk
El Kremlin no tardó en reaccionar. Su portavoz, Dmitri Peskov, denunció que las palabras de Zelenski son «una violación flagrante de la soberanía bielorrusa» y una injerencia en sus decisiones internas. Peskov confió en la capacidad de Bielorrusia para defender su autonomía y recordó que Lukashenko había ofrecido reanudar conversaciones con Ucrania, aunque Zelenski descartó cualquier disculpa como solución.
El riesgo de una nueva fase en el conflicto
Este ultimátum marca un giro en la estrategia ucraniana, que ahora presiona directamente a Bielorrusia para cortar su apoyo técnico a Rusia. La falta de respuesta antes del 28 de junio podría llevar a ataques ucranianos en territorio bielorruso, lo que escalarían el conflicto y obligaría a Moscú a intervenir, profundizando la crisis en Europa del Este.
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